CAPRICORNIO


Capricornio es un signo del elemento Tierra, regido por el planeta Saturno. Está representado por una cabra, rige la Casa X 


Algunas de sus características son:

Sensatez, practicidad, constacia, tenacidad, disciplina y austeridad (ánimo espartano). La energía capricorniana tiende a la cristalización, a la rigidez y a negar su sensibilidad y delicadeza de su sis emociones, hasta muchas veces perder contacto con estas si no hace el trabajo de incorporar la ternura,gno opuesto complementario (Cáncer).

Entre los signos del zodíaco, Capricornio es un signo que no suele tomarse las cosas a la ligera, sobre todo aquellas obligaciones que atañen a su trabajo, profesión o metas personales. Por ser un signo de tierra (como Tauro y Virgo), Capricornio tiende a ser concreto, pragmático, podría decirse con los pies en la tierra, siempre buscando construir basándose en su estructura interior. Como siempre, la tierra corre el peligro de volverse demasiado recelosa del mundo material, lo cual a veces hace que el capricorniano se preocupe tanto por este ámbito que termine descuidando otras esferas de su vida. Si bien gusta de la tranquilidad en lo material, no suele ser un signo para nada ostentoso, sino más bien austero lo que lo hace un excelente administrador.

Capricornio es exigente consigo mismo y con los demás, siempre buscando llegar un poco más alto, ambición que lo empuja a esforzarse por superarse e intentar ser cada vez mejor en lo suyo. En este camino de autodesarrollo deberá prestar atención a no descuidar sus afectos y sus necesidades afectivas (con las cuales suele costarle ponerse en contacto) ya que antepone el deber al placer. Por otro lado, el compromiso con sus responsabilidades lo lleva muchas veces al lugar de jefe, capataz, autoridad, que transmite un mensaje claro, seguridad y generalmente es algo exigente a los demás.

Capricornio tiene cierta veta por la que busca ser reconocido por los demás (aunque no siempre estará seguro de ser merecedor de una apreciación tan elevada, como en el caso de Leo), intentará ser realmente bueno en algo.

Además de los intereses concretos y palpables, capricornio suele interesarse por adquirir conocimientos que le permitan subir un nuevo peldaño en la escala social, o en un nivel más espiritual, en la escala de su propia evolución personal. Es por ello que encontraremos muchos capricornios interesados no sólo en temas “materiales” sino también en filosofía, ciencias, metafísica, entre otras disciplinas. De ahí el misteriosos símbolo de la cabra, que sube lentamente y de manera solitaria (no como las ovejas que avanzan en rebaños) y la cola de pez que le confiere, a la vez, la posibilidad de poder acceder a las profundidades.

En cuanto a los vínculos afectivos, suele ser reservado de sus sentimientos. Deberá evitar reprimir sus sentimientos, ya que en ese caso la falta de expresión emocional lo hará parecer algo indiferente o frío. Buscará generalmente un vínculo que le aporte cierta cuota de estabilidad o seguridad, y sabrá dar sostén a los suyos.

Su planeta regente, Saturno el dios mitológico considerado el anciano sabio o el maestro, está ligado al arquetipo del padre lo cual le confiere sus actitudes paternales o protectoras. Es probable que la vida acostumbre a los capricornianos y capricornianas a hacerse cargo de los demás de alguna manera (independientemente de la edad que tengan). Mostrar su costado maduro les servirá mucho para superar las pruebas, hasta que sienta que las mochilas o cargas se han vuelto demasiado pesadas. Entonces la vida deberá enseñarles a delegar, confiar más en los otros, a relajarse y no querer tener todo bajo control.

 

Solo somos libres de ser lo que somos

 

 La principal creencia colectiva sobre la que se apoya el ego es que aquello que nos sucede es completamente casual. Estamos convencidos que los eventos de nuestra existencia son azarosos y que las distintas personas que aparecen en nuestras vidas -ya sea que nos atraigan o que nos causen rechazo- son totalmente independientes de nosotros. Nos hemos condicionado para sentir que el mundo externo no tiene relación alguna con nuestro mundo interno.

 Jung nos indicó la existencia de las sincronicidades, un tipo de acontecimientos en los que sentimos inequívocamente que lo que está sucediendo está íntimamente ligado a nuestro proceso psíquico. Para Jung, estos episodios se producen cada vez que el Sí mismo logra perforar la frontera establecida por nuestra personalidad superficial. Entonces, de manera fugaz y aparentemente ajena a nuestra voluntad, se nos revela un orden desconocido, lleno de significación.

 Desde el punto de vista de la astrología, lo que Jung llama sincronicidad está ocurriendo todo el tiempo, nos demos cuenta de ello o no. En el lenguaje astrológico no hay manera de distinguir entre lo “externo” y lo “interno”, lo que sucede “afuera” nuestro -en el mundo- y lo sucede “adentro” de nosotros -en la psiquis- son dos lados de una misma realidad y si uno se mueve el otro también lo hará.  Por eso, es ilusorio creer que lo que nos está pasando -nos guste o no- no debiera suceder. No somos un sujeto psíquico en un mundo azaroso de objetos que nos rodean; somos una estructura particular dentro de un campo multidimensional de vibraciones. Por eso atraemos (o somos atraídos hacia) situaciones congruentes con esa estructura. Estas situaciones tienen un contenido que debemos asimilar, que de alguna manera nos corresponde vivir; sólo su absorción nos completa y nos puede llevar a un nuevo estado de equilibrio. El problema es que solemos resistir al movimiento de la vida y generalmente escapamos de aquello que debemos experimentar. Así, nuestras experiencias permanecen incompletas y en consecuencia la misma situación deberá repetirse una y otra vez hasta que sea comprendida.  

 La conciencia realiza un gran salto cuando es capaz de reconocer un patrón recurrente en la propia vida. Detrás de rostros y eventos aparentemente diferentes comenzamos a entrever un dibujo, una trama que permanecía oculta a nuestros ojos.   Eventualmente, los hechos aparentemente fortuitos de nuestra existencia -dolorosos o afortunados- se unen como en una línea de puntos y reconocemos por primera vez su verdadera significación. Para la astrología cada uno de nosotros es un diseño viviente, de un enorme potencial creativo.  Pero para que este florezca es preciso que no resistamos más a los acontecimientos que vivimos, que aprendamos de cada uno de nuestros vínculos. Que nos reconozcamos en el espejo del destino. Y esto no es lo que nos han enseñado. Creemos que nuestra voluntad debe imponerse, que los demás son culpables de nuestras limitaciones. Proyectamos sobre el mundo los contenidos desconocidos de nuestra psique y nos enredamos en ellos, sufriendo y causando sufrimiento a los demás.

 Tarde o temprano, cada individuo debe reconocer hasta que punto su vida es mecánica. Esto va en contra de todas nuestras ideas acerca de la libertad. Pero el hecho es que lo somos. Nuestras acciones generalmente son sólo reacciones, la mayor parte de nuestros sueños, deseos y temores no son otra cosa que la continuidad de miedos y deseos colectivos. No queremos aceptar esto. Lo rechazamos mediante todo tipo de argumentos, tanto racionales como místicos. La larga cadena de acciones y reacciones que se expresa a través de cada uno de nosotros es lo que algunas tradiciones llaman Karma. El psicoanálisis ha estudiado las repeticiones que provienen de nuestros padres. Jung nos ha mostrado el inmenso peso de lo colectivo sobre nosotros. Quizás esta cadena sea aún más compleja y provenga de las profundidades mismas de la materia. Pero saber cuáles son las causas no es lo importante, sino darnos cuenta cada vez que reaccionamos mecánicamente a los eventos de nuestra vida. Si algo nos sucede es porque teníamos que pasar por allí. De nada vale escapar o pensar que podría no haber sucedido. Sucedió y en ese acontecimiento reside un secreto que debe ser comprendido.

 Solemos creer que somos libres cada vez que podemos elegir entre opciones. Pero, en realidad, si  tenemos la sensación de elegir es porque estamos divididos, muy lejos de nuestro verdadero ser. Cuando este se hace presente no hay alternativas para nosotros, no se genera la sensación interna de tener que elegir: el camino es evidente y sin encrucijadas. En cambio, cada vez que la personalidad superficial ha perdido contacto con el Sí-mismo, el diseño creador de nuestro ser genera alguna situación en la que no tendremos libertad para elegir, en la que nos sentiremos forzados a pasar por donde más tememos. Y esa es la oportunidad para descubrir nuestra verdadera identidad. De enfrentar las consecuencias de la larga cadena de reacciones ciegas con las que hemos estado identificados, en tanto individuos, en tanto familias, estirpes o naciones. En tanto que humanos.

Autor Eugenio Carutti

Notas Recomendadas:

Estamos viviendo una crisis de crecimiento

La Astrología:  una percepción de la realidad como vínculo 

 

Estamos viviendo una crisis de crecimiento

La Tierra atraviesa una extraordinaria crisis de crecimiento, y en ese camino nosotros los humanos – los orgullosos seres identificados con la mente- deberemos enfrentarnos inevitablemente con nuestras limitaciones. El yo, nuestro sentido de la individualidad personal, es una creación del pensamiento. Un acuerdo colectivo. Esta estructura mental es demasiado pequeña para comprender y aceptar la vida en toda su complejidad… el yo continúa, en otro plano, el anhelo de supervivencia de todo lo viviente, es el heredero de la cadena de miedo que recorre toda la evolución.

 Cada uno de los seres que nos preceden en la escala de la vida, desde  los insectos hasta los mamíferos, está programado para reconocer sólo un fragmento del universo y habitarlo. Su sistema nervioso no posee la complejidad suficiente como para procesar la abrumadora cantidad de información que lo rodea, está diseñado para simplificarla. Cada uno de ellos ignora la existencia de otras dimensiones, que a la vez son evidentes para seres más complejos como nosotros.

 El cuerpo humano contiene dentro de si todas las estructuras que nos precedieron en la evolución y al mismo tiempo posee capacidades inimaginables para esos seres.

Pero ¿se ha desarrollado en nosotros todo el potencial que la vida nos legó? ¿O nos hemos estancado en un nivel de nuestras posibilidades y estamos simplificando la realidad reduciéndola a la dimensión de nuestras construcciones nacidas del miedo? Cualquier ser humano que haya siquiera atisbado la profundidad de nuestra relación con las estrellas a través de la astrología no puede dudar ni por un instante cual es la  respuesta correcta a estas preguntas.

Somos el organismo más sensible de la Tierra…

 Somos el organismo más sensible de la Tierra. Por eso podemos registrar una enorme cantidad de información inaccesible para otros seres. Pero no nos damos cuenta de que lo que percibimos también nos abruma y nos asusta. Y que por eso nos encerramos en nosotros mismos para protegernos. Construimos un muro de creencias, un universo cerrado a nuestro alrededor y lo habitamos ingenuamente, tal como si fuéramos insectos. Cada tribu humana ha hecho esto, cada civilización, cada linaje, cada familia, cada individuo lo hace. Nos aislamos negando todo aquello que no comprendemos mediante creencias, argumentos, fantasías que tomamos por verdades absolutas, por ideas geniales. Pero a diferencia de los insectos, a nosotros nos ocurre lo que llamamos destino. Estamos “condenados” a que los acontecimientos nos revelen las limitaciones de nuestras construcciones, la ilusión de nuestros deseos. La complejidad de la vida se nos impone cada vez que destruye nuestros nidos de creencias y nos obliga a seguir aprendiendo. Paradójicamente, suelen ser las ilusiones de los otros seres humanos las que más chocan con las nuestras y nos hacen sufrir. Esos cruentos choques de creencias y necesidades ilusorias  se manifiestan bajo la forma de guerras, luchas por el poder, injusticias sociales; la interminable batalla entre las distintas construcciones humanas acerca de la realidad; tribu contra tribu. Nación contra nación. Pero también en nuestro mundo íntimo chocan las construcciones e idealizaciones con las que nos hemos identificado. El  interminable conflicto entre los que decimos amarnos,  entre hermanos, entre padre e hijos, entre esposos y amantes. No nos damos cuenta que entre todos hemos construido una realidad ilusoria que rechaza nuestras diferencias reales, que ignora la enorme complejidad del deseo, que niega la crueldad que el miedo y el orgullo generan en nosotros. No sólo en las guerras sino en los hechos más pequeños, somos incapaces de advertir cuántas veces nuestra alegría proviene del dolor de otros. Si estamos felices porque nuestro equipo de fútbol ganó no queremos darnos cuenta que necesariamente otros sufren por la derrota, y no queremos reconocer que su tristeza nos da un inmenso placer. No queremos enterarnos que el orgullo de la madre por su hermosa hija hiere irremediablemente el corazón de alguna niña que nuestros circunstanciales criterios de belleza consideran fea; o que ensalzar la inteligencia de algunos es marcar para siempre la supuesta insuficiencia de otros.

 El Ego, el rey encerrado en su propio castillo…

El ego es inevitablemente cruel porque vive encerrado en las paredes del mundo que ha creado creyéndose especial y único, con el derecho de satisfacer todos sus caprichos. Pero tarde o temprano el destino chocará contra esa montaña de ilusiones. Deberá derrumbar esos muros. ¿Qué haremos entonces: los reconstruiremos nuevamente o nos daremos cuenta de la pequeñez de nuestro mundo? ¿Aceptaremos la enorme complejidad de la vida y nos abriremos a la excitante aventura de descubrir las ilusiones que hemos construido?

 Estamos viviendo momentos de extrema complejidad

Las posiciones de los planetas en el cielo nos indican que estamos viviendo un tiempo de extrema complejidad. Que probablemente nos lleve a reconocer que la mente humana tal como la conocemos es aún muy pequeña; un anillo de miedo capaz de grandes proezas tecnológicas pero realmente ignorante en lo vincular. Que, sin embargo, tiene el potencial para que en nosotros pueda manifestarse algún día una verdadera conciencia planetaria.

Autor Eugenio Carutti

Notas Recomendadas:

Astrología: una percepción diferente de la realidad

Reporte Astrológico: Luna Llena en Acuario del 18 de Agosto

La Astrología es una Percepción de la Realidad como Vínculo

La Astrología no es un saber. La astrología no es un conocimiento. Tampoco es una ciencia. La astrología es una percepción.

El ser humano percibe a través de ciertos órganos, que llamamos órganos de los sentidos: ojos, nariz, piel… y la información que recoge del medio es procesada por el cerebro para ser organizada y construir así lo que llamamos realidad.

Esa percepción está condicionada por el lenguaje, percibimos de cierta manera porque estamos inmersos en la red del lenguaje que recorta objetos dándoles nombres y ordenando el tiempo en forma lineal. El lenguaje divide al que percibe de lo percibido, crea al sujeto y al objeto, organiza una instancia que se posiciona como centro de la percepción al que llamamos “yo”.

Esto es tan estructural y básico de nuestra manera humana de ser que ni siquiera nos damos cuenta. Pero: ¿Percibiríamos la realidad de la manera que la percibimos si utilizáramos un lenguaje diferente?

La Astrología es un lenguaje diferente, un sistema de símbolos que le posibilita al cerebro otra manera de percibir. Los símbolos astrológicos no se organizan linealmente como los del lenguaje verbal, ni tienen un significado unívoco, forman patrones simbólicos atemporales, estructurales, que significan extensos paquetes de información sincrónica entre lo que llamamos lo objetivo y lo subjetivo. Son símbolos significadores de la correspondencia entre fenómenos que de otra manera percibiríamos independientes. De esta manera, la percepción astrológica deja perplejo al “Yo” que debe rendirse ante la evidencia de una realidad construida de un modo mucho más complejo del que creía.

Sin embargo, la inercia de la percepción habitual sujeto-objeto en el cerebro no se disuelve con facilidad y el cerebro hace el truco de convertir a la Astrología misma en un nuevo objeto. Así nos acercamos  a la Astrología como a un saber, un conocimiento que necesitamos “tener” para “utilizar” como una herramienta para mejorar nuestras vidas. Esto no es algo negativo en sí mismo, de hecho es lo que subyace al trabajo de la consulta astrológica.  Los humanos necesitamos significadores más complejos para comprender la lógica de nuestras vidas y así sanar heridas antiguas que son resultado de la lógica separativa que implica, necesariamente por su estructura misma, el conflicto.

Necesitamos un lenguaje nuevo para descubrir otras maneras de estar en el mundo y esto es muy válido, pero debemos tener en cuenta que es también muy limitado, dado que no puede quedar de ninguna manera reducido a una búsqueda personal, individual, de auto-mejoramiento, sino que debe estar conscientemente inscripta en la participación de cada cuerpo en la trama de la cual forma parte.

Somos vínculo…

La verdadera revolución psíquica a la cual la Astrología nos deja enfrentados cuando nos adentramos en ella,  es la de disolver los condicionamientos de la separatividad y cuestionarnos profundamente “Qué somos” para respondernos que somos vínculos y no entidades independientes que se vinculan.

Que el Universo todo es una trama vincular compleja en la cual el “yo” es solo una construcción pasajera destinada a cumplir limitadas funciones en un plano de realidad.

Autora Martina Carutti

Notas Recomendadas:

Reporte Astrológico: Luna Llena en Acuario del 18 de Agosto